Opinión
‘Socialistillas’ y ‘socialistillos’
‘En el caso de la lista que nos ocupa, tengo para mí que sí, que puede descubrirse algún listillo o listilla entre los firmantes del manifiesto. Son, especialmente, algunos de quienes han tenido un cargo representativo o disfrutado de determinadas prebendas y no han parado miente en el hecho de que ese cargo o esas prebendas los han obtenido gracias a las cuotas y al esfuerzo militante de muchos afiliados a los que ahora dan de lado y que puede que no comulguen en absoluto con sus delirios nacionalistas; y a los votos de muchísimos catalanes no nacionalistas y emigrantes (los ya famosos NRE o ‘nacidos en el resto de España’) a los que ahora se ningunea sin tener en cuenta para nada sus sentimientos respecto a la separación de Cataluña y a las dificultades y problemas que eso les puede acarrear’.
No sé en qué congreso del PSC se cayó del texto de los estatutos la palabra ‘classe’ (sin adjetivos o con los habituales ‘obrera‘, ‘treballadora‘, ‘burgesa‘, etc). Lo cierto es que en los estatutos que se aprobaron en 2011 ya no aparece, con ese sentido, ni una sola vez. Pero es que si buscas cualquier palabra que comience con ‘treball‘ encuentras algunas pero ninguna que tenga relación ni cercana ni lejana con los conceptos ‘trabajadores’ o ‘clase trabajadora’.
Bueno, remontándome al inicio, el manifiesto de los 140 (‘Una esquerra catalana forta i majoritària pero una Catalunya constituent‘), el último -por ahora- zarpazo que me han dado en este tiempo convulso, me ha llevado a querer revisar los estatutos del PSC para intentar ver hasta qué punto los firmantes del manifiesto continúan dentro del partido, o no. La primera sorpresa es que no existe una traducción al castellano de los estatutos. Presentan las portadas de ambas opciones pero cuando pulsas sobre la opción castellana te sale la catalana. Debe ser que no hay dinero para hacer la traducción…
La segunda sorpresa es la que anunciaba al inicio: la desaparición de cualquier uso de palabras relacionadas con ‘clase obrera’ o ‘trabajadora’. Con gran preocupación busqué los estatutos del PSOE y, aunque no hay demasiadas referencias a eso de la ‘clase’ y de la ‘lucha de clases’, sí hay, al menos, una definición clara y precisa en su artículo 2: ‘El Partido Socialista Obrero Español es una organización política de la clase trabajadora y de los hombres y mujeres que luchan contra todo tipo de explotación, aspirando a transformar la sociedad para convertirla en una sociedad libre, igualitaria, solidaria y en paz que lucha por el progreso de los pueblos’.
Volviendo al PSC, al ver aquello empecé a explicarme unas cuantas discusiones, de hace algún tiempo, con compañeros de agrupación sobre si el concepto de clase tiene aún vigencia, o no la tiene. Varios de ellos, más o menos del aparato o cercanos al aparato, sostenían que ese concepto ya no es real, o que está demodé, y que ya no hay gente que se sienta perteneciente a la clase obrera o trabajadora. En aquellos momentos las colas en las oficinas de empleo ya se iban alargando y los indignados ocupaban las plazas. Yo les preguntaba a mis compañeros que qué buscaban los parados en las colas del paro o los jóvenes indignados que aún no tuvieron su primer empleo, es decir, su primer trabajo. Claramente eran trabajadores, con más o menos conciencia de serlo pero en vísperas de adquirir esa conciencia por vía dolorosa. Pero también existía, y existe, claro, una doctrina oficial en el seno del PSC en el sentido de olvidarse de la idea de clase trabajadora. Puede que porque va en contra de las tendencias modernas hacia la transversalidad, nacionalista o no.
Me pregunté entonces por el sustituto del concepto de ‘clase trabajadora’ y me dí de bruces con la Revolución Francesa y unos toques de buena modernidad:
‘El Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC-PSOE) és una organització democràtica d’homes i dones que comparteixen els valors de la llibertat, la igualtat, la justícia social, la sostenibilitat, la solidaritat, l’internacionalisme i la pau, així com els objectius de la defensa de l’estat del benestar i la protecció del medi ambient‘.
Para lo que ahora me interesa, me quedo con los conceptos de ‘libertad’ (supongo que en democracia), ‘igualdad’, ‘justicia social’, ‘solidaridad’ e ‘internacionalismo’. Hay que suponer que los que estamos en el PSC, compartimos esos principios. Y también hay que suponer que mientras más arraigados y explícitos tengamos esos valores los militantes individuales, más socialistas seremos, y mientras más militantes compartan esos valores en sus grados más altos, más socialista será el partido. Y todo eso también puede funcionar a la inversa, como veremos enseguida.
Si sustituimos -con cierto rechazo- el concepto ‘clase obrera’ por el concepto ‘organización democrática de hombres y mujeres que comparten los valores de tal y cual’, podemos intentar ver cómo encaja el manifiesto de los 140 en los estatutos del partido. Empecemos por la ‘libertad’ (en democracia). A mi modo de ver, mientras mayor es la población para la que deseamos ese valor de la libertad en democracia, mayor será el grado de esa libertad en democracia: si traspasamos capacidad del Gobierno, por ejemplo, a la Unión Europea y esta no funciona con libertad en democracia y no hacemos nada para evitarlo, nuestro valor de libertad en democracia se resentirá. Igual puede pasar si unas decisiones políticas que en su día se tomaron con libertad en democracia por los votantes de una población de 40 millones de personas ahora no podemos, sin pérdida de libertad en democracia, aceptar que esas decisiones políticas se modifiquen por los votantes de una fracción relativamente pequeña de aquellos 40 millones. Y ello con independencia de todos los conceptos sentimentales de ‘pueblo’, ‘nación’, etc. Y quienes sostienen esta última posibilidad y la propugnan, incluso a riesgo de fractura social y de fractura del partido, son, sin duda, menos socialistas de lo que eran antes.
Con la ‘igualdad’, la ‘solidaridad’ y la ‘justicia social’, podemos decir casi lo mismo, En las condiciones actuales, esos conceptos se están aplicando sobre una población de más de 40 millones de personas (España), más las personas de fuera de España a las que se alcanza vía las iniciativas de cooperación al desarrollo en los diferentes niveles de la administración. Pero es evidente que a los firmantes del manifiesto de los 140, lo mismo que a buena parte de los representados por CiU, ERC e ICV-EUiA y a estas mismas formaciones, eso les parece excesivo. Quieren arreglar las cosas de forma que el efecto redistributivo de la fiscalidad (por ley) se sustituya por aportaciones voluntarias o legales decididas por un número mucho más bajo de ciudadanos; la cuantía de esas aportaciones será previsiblemente, mucho menor -si es que se da alguna-, en el caso de que Cataluña sea independiente. Ahora no estoy hablando de balanzas fiscales y cosas similares, sino de lo que dicen nuestros estatutos. Y de acuerdo con esto, los firmantes del manifiesto son menos socialistas de lo que eran que antes de haberlo firmado.
El ‘internacionalismo’ no quiere decir que haya que aumentar el número de naciones para tener más con quien cooperar, luchar en el mismo frente, ayudar, etc. Aumentar el número de naciones cuando este aumento no procede de la eliminación de situaciones de colonialismo, no puede hacer más que poner dificultades al internacionalismo que ahora nos interesa: el que desplaza hacia arriba la toma de decisiones en libertad y en democracia para cuestiones que afectan a más de una nación-estado; esas decisiones son cada vez más y cada vez más importantes en un mundo altamente globalizado. Por otra parte es mejor intentar resolver dentro de cada nación-estado los problemas, que los hay, motivados por diferencias de raza, lengua, religión, historia, nivel de desarrollo, etc.
Casi todos esos problemas tienen solución sin necesidad de dibujar nuevas fronteras aunque solo sea porque la historia nos enseña que frecuentemente, al dibujar una nueva línea en un mapa, acostumbra a manar sangre en los territorios que lindan con esa nueva línea. Y por supuesto, porque si alguien se dedica a agrupar separando las poblaciones de las naciones-estado según diferencias de lengua, raza, religión… y a crear o inducir en cada grupo o grupúsculo conciencia de ‘pueblo’ y de ‘nación’ y si, además, suponemos que esos grupos o grupúsculos consiguen su independencia, el mundo global será prácticamente ingobernable y el internacionalismo habrá pasado a ser un concepto más de la historia. O sea, que a menos internacionalismo, menos socialismo y los firmantes del manifiesto son menos socialistas de lo que eran antes de firmarlo.
¿Y cómo habría que llamar a los firmantes del manifiesto en cuestión? De forma no demasiado ortodoxa desde el punto de vista gramatical. Yo les llamaría, cariñosamente, con las palabras que encabezan este artículo: socialistillos y socialistillas, para ellos y para ellas, ya que son algo/bastante menos socialistas de lo que exigen nuestros estatutos. Casi sin quererlo el diminutivo de ‘socialista’ se ha convertido en la unión de una semi palabra y una palabra: el prefijo socia- y listillo/a (que no aparece en el diccionario de la RAE, pero sí en el Seco Serrano como diminutivo algo despectivo de listo, que sí está en el de la RAE con una acepción de ‘sagaz’ o ‘avisado’).
Entiendo que cuando el pueblo llega a detectar a un ‘listo’ en el sentido al que me refiero, lo bautiza como ‘listillo’. Son listillos los que se cuelan en las colas o listas de espera, o los que pisan a otros en sus esfuerzos por trepar, por ejemplo. Una constante es que sus actuaciones siempre perjudican a otros. Muchas veces los listillos son tan sagaces que no son descubiertos en muchas de sus actuaciones. También muy frecuentemente, los listillos llegan a creerse con derecho y mérito para conseguir los resultados de esas actuaciones y en los casos más extremos llegan hasta a despreciar a los que sufren sus actuaciones.
En el caso de la lista que nos ocupa, tengo para mí que sí, que puede descubrirse algún listillo o listilla entre los firmantes del manifiesto. Son, especialmente, algunos de quienes han tenido un cargo representativo o disfrutado de determinadas prebendas y no han parado miente en el hecho de que ese cargo o esas prebendas los han obtenido gracias a las cuotas y al esfuerzo militante de muchos afiliados a los que ahora dan de lado y que puede que no comulguen en absoluto con sus delirios nacionalistas; y a los votos de muchísimos catalanes no nacionalistas y emigrantes (los ya famosos NRE o ‘nacidos en el resto de España’) a los que ahora se ningunea sin tener en cuenta para nada sus sentimientos respecto a la separación de Cataluña y a las dificultades y problemas que eso les puede acarrear.
¿Y el resto, no son listillos? Pues la verdad es que no lo sé. Pero, si en transcurso de dos o tres años, los vemos mascarelleando, pues resultará que sí, que también lo eran.
Me he quedado adrede en los primeros artículos de los estatutos. No me resisto a referir algunas de las curiosidades que he visto en el manifiesto: en sus nueve páginas se menciona la palabra ‘poble‘ nueve veces y la palabra ‘nació‘ 31 veces (3,4 veces por página); todas las palabras que empiezan por catal- suman 79 veces (8,8 veces por página; todo un récord); todas las palabras que empiezan por social- o sociald- suman la friolera de… tres veces.
Sin embargo no he querido entrar en las contradicciones políticas que encierra el manifiesto ni en su choque frontal en contra de más de un artículo de los mismos estatutos que hasta podría justificar la apertura de un expediente de expulsión. Nuestro primer secretario, Pere Navarro, con un eclecticismo que no me atrevo a calificar dice que en el PSC cabe todo. Si cabe todo, la realidad es como si no cupiera nada, o todo queda confundido en un magma en el que nada es identificable y moriremos víctimas de la indefinición o, en caso contrario, todo salta por los aires. ¿Hacemos apuestas?
Arturo Moreno es militante del PSC desde hace 32 años en la Agrupación del Ensanche de Barcelona
Sr. Moreno, comparto cuanto Ud. expone, pero iría más lejos. Este desconcierto sin norte de PSC no tiene cura desde mi punto de vista y todos se mueven como los renacuajos en una charca que está disecándose. Les falta aire hace que se pelean entre ellos por el preciado líquido. Mejor seria que lo finiquitaran y las tres o cuatro corrientes, formen nuevos partidos donde en principio se entiendan y puedan exponer sus ideales sin tantas cornadas.
Así no van a llegar a ninguna parte.
Arturo Moreno,desgraciadamente como esta confirmado,se os han toreado unos cuantos iluminados en el PSC,en vez de defender los derechos constitucionales como era su deber por ser un partido filial del PSOE,se han convertido en unos renegados de su propia historia,asi,quien siendo charnego llega a tener un cargo importante,inmediatamente de llamarse Pedro Navarro,se transformaba en Pere Navarro,esto no tendria importancia,si este cambio no significara pasar de ser socialista a nacionalista.
Ahora como pasa siempre y sino,miremos como cambian las cosas,los fumadores en otros tiempos eran bien visto por la sociedad,ahora casi los tratan como apestados.El PSC se creian que la sociadad sobretodo sus votantes,dirian siempre amen y ahora ya ha empezado el deterioro social del PSC,porque lo peor que se puede llegar a ser es RENEGADO,y los dirigentes del PSC,son algo mas que renegaos,son los que le han hecho el trabajo sucio a CIU y ERC y esto quien ha sido votante del PSC como he sido yo nunca lo perdonare porque nos han engañado sabiendolo y nos han creado a todos los que confiemos en el PSC un problema social.La culpa de la situacion independentista que tenemos en Cataluña es del PSC y de IU,que sin sentido se han subido al carro del nacionalismo.
El PSC es un partido quemado,es necesario que todos los que aun seguis y no os considerais nacionalistas,dejeis a este partido,porque no tiene ningun arreglo y si te gusta la politica,te harias un favot a ti mismo,saliendo contra mas pronto mejor del PSC y irte a tu casa o afiliarte a otro partido que defienda la ideologia de izquierda y los derechos constitucionales de los catalanes.No pierdas mas el tiempo en el PSC,lo primero que debe hacer uno,donde no lo quieren irse.
Señor Moreno, no sabe hasta que punto me siento identificado con sus argumentos sobre la clase obrera. Soy socialista, no de toda la vida, pero sí de unabuena parte de mis 40 años. Y le voy a confesar que el motivo por el que nunca me he afiliado al PSC es por el simple motivo que no le veo esa impronta obrera, en el sentido que usted tan acertadamente refiere en su artículo. Sin embargo, algo similar le pasa a los sindicatos, y que conste que soy sindicalista, delegado en UGT. Como abogado siempre me ha gustado la filosofía del política, y como hijo de humildes trabajadores de fábrica, de los cuales he heredado muchas cosas de nuestra clase, le confieso que sigo leyendo a Marx. Y le puedo asegurar que al mencionar palabras como Marx, Lenin, Pablo Iglesias, etc., poco menos que me miran con ojos de quien no sabe leer. En mi entorno sindical nadie ha leído en su vida nada sobre historia del socialismo obrero, y mucho menos un triste párrafo de El Capital, del que existen buenas traducciones. Hasta algunos compañeros les cuesta acertar sobre quien era Marx, de qué nacionalidad era o cual fue su principal obra. A algunos que hicieron COU conmigo les suena como un filósofo que se estudiaba en la última parte del curso de Historia de la Filosofía, y poco más. En mi´humilde opinión, tanto el PSC, como el PSOE, y en algunos lugares incluso la UGT, no sienten nada de “clase obrera” porque, además de ser personas provenientes de una clase media aburguesada, jamás han estudiado las fuentes. Es como un católico que no haya leído nunca la bíblia y no sepa quien era el ciudadano Jesús (los hay también, pero menos). Cuando se pierde el hilo con el origen ideológico de nuestras organizaciones de clase obrera, entiendo que se pierden las cosas a las que usted se ha referido. Es la primera vez que leo a una persona como usted. Me ha alegrado el día. Gracias.
Muy bueno el artículo.
En efecto, lo que pasará es que todo saltará por los aires. Hace años que lo vengo vislumbrando. Tiempo al tiempo.
Ahora parece que Maragall se larga del partido.
Al PSC actual no lo reconoce ni la madre que lo parió.
Desconozco las razones porque el PSC y su dirigente Montilla ha sido el político mejor pagado de España, algo no conforme con tiempos de crisis y con el espíritu obrero. El PSC, igual que el PSOE, están muy bien en la teoría pero, cuando de la práctica se trata, actúan como motor del separatismo, las denuncias por no rotular en catalán, el nepotismo, el capitalismo y todos los ismos que denuncian en sus teorías. Cuando el antiesclavista sale a la luz y se muestran todos sus esclavos queda a la altura de lo que le corresponde: falsario y vividor de la mentira a costa del contribuyente.